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Rabia en murciélagos: una alerta sanitaria que exige prevención sostenida 

El reciente hallazgo de un murciélago con rabia en una zona urbana de Los Andes vuelve a generar preocupación por una enfermedad que, si bien presenta una baja incidencia en humanos, mantiene una letalidad extremadamente alta cuando no se actúa de manera oportuna. Este tipo de episodios no debe interpretarse como una situación excepcional, sino como parte de un fenómeno conocido y monitoreado por la autoridad sanitaria en Chile. 

La rabia es una zoonosis viral que afecta el sistema nervioso central de los mamíferos y cuya evolución clínica, una vez iniciados los síntomas, suele ser irreversible. En el país, la erradicación de la variante canina representa un avance significativo en salud pública, pero no implica la eliminación del virus. La circulación de la variante silvestre en murciélagos persiste y constituye el principal reservorio del agente infeccioso a nivel nacional. 

La presencia de murciélagos con rabia en entornos urbanos genera preocupación, especialmente cuando estos animales se observan fuera de sus patrones habituales de comportamiento, como durante el día o en el suelo. Estas conductas anómalas aumentan la probabilidad de interacción con personas y animales domésticos, elevando el riesgo de exposición. Sin embargo, es relevante señalar que la proporción de murciélagos infectados es baja y que el riesgo real se concentra en situaciones de contacto directo sin medidas de protección. 

La transmisión del virus ocurre principalmente a través de la saliva, por mordeduras, arañazos o contacto con mucosas o heridas abiertas. En este contexto, la manipulación de fauna silvestre, muchas veces motivada por desconocimiento o buena intención, se transforma en un factor de riesgo evitable. A ello se suma la situación de perros y gatos con esquemas de vacunación incompletos o vencidos, que pueden actuar como hospedadores secundarios si entran en contacto con murciélagos infectados. 

Desde una perspectiva sanitaria, el abordaje de la rabia no se limita a la respuesta frente a casos confirmados, sino que requiere mantener coberturas vacunales adecuadas en mascotas, fortalecer la educación de la población y sostener sistemas de vigilancia epidemiológica activos. La profilaxis postexposición ha demostrado ser altamente efectiva cuando se aplica de manera precoz, lo que refuerza la necesidad de consultar oportunamente ante cualquier mordedura o arañazo de riesgo. 

La experiencia acumulada muestra que la rabia, pese a su gravedad, es una enfermedad prevenible. La coexistencia con fauna silvestre en espacios urbanos exige información clara, conductas responsables y una coordinación permanente entre autoridades sanitarias, profesionales de la salud y la comunidad. Minimizar el riesgo no implica alarmar, sino comprender que la prevención y la respuesta temprana continúan siendo las herramientas más eficaces para proteger la salud pública y animal. 

Por Fernando Torres, toxicólogo y director de la Escuela de Química y Farmacia UNAB 

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