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Estrés de fin de año: ¿cómo afrontarlo?

Tradicionalmente, diciembre es uno de los meses más exigentes del año. El cierre de ciclos laborales, académicos y personales, junto con las celebraciones familiares de Navidad y Año Nuevo, puede generar importantes niveles de estrés en muchas personas.

Frente a esta realidad, comprender las causas del estrés y adoptar estrategias de planificación y autocuidado puede marcar una diferencia significativa en el bienestar emocional.

En este sentido, hay que distinguir entre estrés y distrés. El primero corresponde a una respuesta natural del organismo frente a una situación que resulta desafiante. En cambio, el segundo es una manifestación negativa de ese estrés, generada por circunstancias que superan la capacidad de adaptación de un individuo.  

Asimismo, cuando una persona no ha sido expuesta a experiencias de aprendizaje emocional o resolución de conflictos, puede enfrentar mayores dificultades para responder a los desafíos propios de estas fechas.

El “estrés negativo” puede manifestarse tanto en lo emocional como en lo físico. Entre los síntomas más comunes se encuentran la pérdida de interés en actividades que antes resultaban placenteras; somatización a través de dolores de cabeza tensionales, lumbagos, gastritis o úlceras nerviosas; alteraciones del sueño como dificultad para dormir, despertares frecuentes o, por el contrario, dormir en exceso; cambios en la alimentación, ya sea disminución significativa del apetito o ingesta excesiva asociada a la ansiedad; mayor irritabilidad y menor tolerancia; y cansancio persistente y dificultades para concentrarse.

Cuando el cuerpo habla, es importante prestarle atención, ya que estas señales pueden indicar que la persona está sobrepasada emocionalmente. Una de las claves para disminuir la tensión emocional es la planificación.

Si se sabe que diciembre es un periodo de alta demanda, es fundamental- en la medida de lo posible- no dejar todo para última hora. Esto implica comprar los regalos con anticipación, organizar la cena y la lista de invitados previamente, y destinar tiempo para las tareas propias del cierre de año.

Sin embargo, no todas las personas viven estas fechas de la misma forma. Para familias que atraviesan duelos, conflictos o distanciamientos, las celebraciones pueden ser momentos sensibles. En estos casos, es necesario permitir que las emociones fluyan, ajustar las expectativas y respetar los propios tiempos.

Algunas maneras de bajar los niveles de distrés son practicando ejercicio físico y manteniendo una alimentación equilibrada; evitando el consumo de alcohol y otras sustancias, ya que pueden intensificar las emociones y generar conflictos; priorizando los vínculos afectivos significativos, más allá de la relación de parentesco; destinando tiempo a actividades personales que resulten gratificantes; y manteniendo límites saludables entre el trabajo, la vida familiar y el autocuidado.

A la vez, para enfrentar las dificultades que se presenten en el día a día, sin que se transformen en experiencias abrumadoras, los consejos son: fomentar la resiliencia, especialmente en niños y jóvenes; fortalecer los vínculos de apoyo, tanto familiares como sociales; aprender a pedir ayuda, ya sea profesional o emocional; reservar espacios de esparcimiento que generen bienestar; y fomentar la capacidad de disfrutar lo simple y valorar lo que se tiene.

Quienes se enfocan excesivamente en el pasado, tienden a presentar mayores niveles de tristeza, mientras que quienes viven en un futuro incierto pueden experimentar ansiedad. Encontrar un equilibrio en el presente es clave para una vida emocional saludable.

Por Enzo Arias, psicólogo de Clínica Colonial – www.clinicacolonial.cl

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